jueves, 10 de octubre de 2024

 

MARTÍN LUTERO Y LA REFORMA DE LA IGLESIA CATÓLICA

Amadeo Albuquerque Lara

Octubre es el mes de la Reforma Protestante, para las iglesias evangélicas. El 31 de octubre de 1517, el monge y teólogo agustino, el alemán Martín Lutero (1483-1546) expuso ante el público su propuesta de reforma a la Iglesia católica, a la cual pertenecía. Ese día, 31 de octubre de 1517, Lutero clavó 95 propuestas de reforma, las que se han conocido como “las 95 tesis”. Lutero nunca quiso abandonar la iglesia católica, sino que la iglesia fuera reformada por la autoridad papal y su séquito. Que dejara de vender indulgencias por dinero para salvar el alma; que se dejara de enseñar la doctrina del purgatorio; proponía que la salvación no es por obra, sino que la justificación es por la sola fe en Cristo. También proponía que el único intermediario entre Dios y los hombres es Jesucristo, y que todos los creyentes en Cristo poseen el sacerdocio universal. Proponía que la Biblia es la única norma de fe, y que sólo Dios merece la gloria y la honra.

Naturalmente, estas propuestas de Lutero incomodaron en extremo al Papa León X (1475-1521), el cual estaba de turno en el Vaticano. De inmediato promulgó una bula o documento papal (Exsurge Domine), llamando a Lutero a que se retractara; pero cómo éste se negó, el Papa promulgó otra Bula (Decet Romanum Pontificem) en 1521, año de su muerte, por la cual excomulgaba (expulsaba) a Lutero de la Iglesia católica; pero Lutero destruyó la Bula en público. Este acto de Lutero inició la persecución para condenarlo y quemarlo en la hoguera de la llamada “Santa Inquisición”. Afortunadamente, Federico III de Sajonia (1463-1525), fingió un secuestro de Lutero y lo refugió en el Castillo de Wartburg, tiempo que Lutero utilizó para traducir el Nuevo Testamento del griego al alemán popular, llamado vulgar.

La invención de la imprenta por Johannes Gutenberg (1440) y la traducción del Nuevo Testamento al alemán del pueblo;  más la difusión de las tesis de Lutero por toda Alemania y resto de Europa, se pusieron a favor de la Reforma que Lutero le proponía a las autoridades de la Iglesia. Desafortunadamente, ahora los católicos creen que los protestantes somos seguidores de Lutero; como si en vez de Dios tuviéramos en primer lugar a Martín Lutero. Sin embargo, esta postura más bien refleja el completo desconocimiento de los motivos de la Reforma Protestante, y la mal intencionada información de parte de las autoridades de la Iglesia católica. Hubo un ingente motivo doctrinal para que se generara el descontento de Martín Lutero y para su deseo de reformar a la Iglesia, no rechazarla. Fueron las doctrinas erróneas de la Iglesia católica las que Martín Lutero propuso que se reformaran. Por esos errores cometidos el actual Papa Francisco ha pedido perdón, pero la mayoría de feligreses no lee esas importantes declaraciones, y sigue creyendo en los antiguos dogmas.

sábado, 5 de octubre de 2024

 

“EL DÍA SIN AYER”: HIPÓTESIS O “TEORÍA DEL BIG BANG”

Amadeo Albuquerque Lara

La ciudad de Lovaina, Bélgica, es la cuna en donde se inicia la hipótesis del “Big Bang”; fue un sacerdote católico de nombre Georges Lamaitre, quien acuñó la frase “Big Bang”, o “El Día sin ayer”, en 1931 (Crédito: National Geographic).

Pero fue otro científico, Stephen Hawking, entre otros, quien se encargó de estudiar más a fondo el Big Bang. De manera que él mismo se pregunta qué había antes del Big Bang, y él mismo se contesta: “Nada”, (“ante el presentador del programa, Neil deGrasse Tyson”).

Pero ante tantos astrofísicos que han opinado sobre el Big Bang, Lovaina y el sacerdote católico Georges Lamaitre, han quedado olvidados. Ha sido el astrofísico Stephen Hawking, quien más ha publicado sus investigaciones sobre el origen del tiempo, pero más que todo, sobre el origen del universo. Hawking como ateo fue más allá al afirmar que “la física moderna excluye claramente la posibilidad o la necesidad de que un Dios o cualquier tipo de fuerza sobrenatural crease el universo” (Hawking, “The Grand Design”). Pero es su propia y deliberada opinión.

Ante tantas hipótesis, llamadas “teorías”, cabe preguntarse que si antes del Big Bang existía la “Nada”, entonces, de dónde salió la materia que explosionó con tanta fuerza que se formó un universo que, según su teoría, comenzó a expandirse y sigue “ad infinitum”. Que el universo es infinito, nadie lo niega. La misma Biblia lo afirma en el Salmo 8: “Cuando veo tus cielos, obra de tus dedos, La luna y las estrellas que tú formaste, Digo: ¿Qué es el hombre, para que tengas de él memoria, Y el hijo del hombre, para que lo visites? Le has hecho poco menor que los ángeles, Y lo coronaste de gloria y de honra” (Salmo 8:3-8). Por lo tanto, el salmista afirma que el hombre (la humanidad) es incapaz de explicar el origen del universo. Cito el libro “La mente del universo” publicado por la Universidad de Navarra: “la cosmovisión científica actual sugiere que el universo está atravesado en su interior por una racionalidad que debe remitir a una inteligencia personal” (Crédito: Mariano Artigas). Destacado es del autor de este artículo.

“¿Entonces el universo no nació hace unos 13.800 millones de años como nos han dicho?La respuesta es que la expansión cósmica debió originarse en aquel instante, que solemos llamar el Big Bang. Pero insisto, esto no quiere decir que el cosmos se originase en aquel instante” (Crédito: Más allá del Big Bang” (Iván Agulló). Continúa Iván Agulló, físico teórico en la Universidad Estatal de Luisiana (EE UU): “No estamos seguros de que el universo comenzara en el Big Bang”.

“Hay diferentes teorías, pero realmente ninguna aceptada. Algunas plantean que, efectivamente, el universo se originó en el Big Bang, como la llamada ‘propuesta de no-frontera’ de Stephen Hawking y James Hartle, que es una versión cuántica del Big Bang de la relatividad general, donde el universo surge de la nada” (Idem).

Y el salmista tiene toda la razón al mirar hacia arriba y declar la magnificencia de la creación, en el Salmo 19: “Los cielos cuentan la gloria de Dios, Y el firmamento anuncia la obra de sus manos. 2 Un día emite palabra a otro día, Y una noche a otra noche declara sabiduría. 3 No hay lenguaje, ni palabras, Ni es oída su voz. 4 Por toda la tierra salió su voz, Y hasta el extremo del mundo sus palabras” (Salmo 19:1-4). Por eso, Artigas, de la Universidad de Navarra,  afirma que “el universo está atravesado en su interior por una racionalidad que debe remitir a una inteligencia personal (“La mente del Universo”, Artigas). Destacado es de este autor.

El salmista exalta la magnitud de la obra de Dios, mientras los astrofísicos la niegan basados en la física. Sin embargo, como la ciencia habla de un principio, también la Biblia expresa: “En el principio creó Dios los cielos y la tierra”; es decir, el universo. El libro de Génesis expresa el origen del tiempo con la frase “en el principio”.  ¿Cuál es ese principio? Al escritor bíblico no le interesan las explicaciones; le interesa el hecho. “Los «teóricos B» argumentan que el flujo del tiempo es una ilusión" (Crédito: Teoría B del Tiempo).  

Agustín de Hipona, conocido como San Agustín, declara su punto de vista del tiempo, así: “¿Qué es, pues, el tiempo? Si nadie me lo pregunta lo sé, pero si trato de explicárselo a quien me lo pregunta no lo sé” (Confesiones, XI, c.14, 17). Por tal razón, el escritor bíblico no filosofa sobre el tiempo; sencillamente lo expresa con aplomo: “En el principio creó Dios los cielos y la tierra” (Génesis 1:1). Otro escritor bíblico que habla del principio del universo, es el apóstol Juan “En el principio era la Palabra” (Juan 1:1) (logos) en griego. Pero “el “logos” estaba con Dios y el logos era Dios”. El logos se refiere a la Palabra creadora: “en el principio creó Dios los cielos y la tierra”. El universo existe por la Palabra o logos, según los escritores bíblicos. Y la Palabra estaba con Dios y era Dios. El apóstol Juan se refiere a Jesucristo como el logos o la Palabra, por la cual el universo existe.

También el escritor bíblico habla de la primera luz: fiat lux, y la luz fue. También Hawking se refiere a la aparición de la primera luz del universo. Naturalmente, la aparición del sistema solar y de las infinitas galaxias han de haber producido la luz del universo.

CONCLUSIÓN

Al revisar las diferentes hipótesis llamadas teorías acerca del origen o creación del universo, notamos que existen coincidencias entre escritores bíblicos y astrofísicos. Porque una teoría requiere demostración científica, y todavía no la hay de parte de los científicos, sólo existen hipótesis esperando convertirse en teorías.

Primero, tanto los científicos como los escritores bíblicos, ambos coinciden en que el universo tuvo principio; discrepan en el cómo fue ese principio. También, ambos afirman que antes de la existencia del universo no había nada; sin embargo, para los escritores bíblicos, antes del principio existía Dios, quien lo trajo a existencia, del estado “vacío”. Pero mientras los científicos se interesan por medir el tiempo desde el principio del universo, el cual lo estiman en 13,797 millones de años, los escritores bíblicos sencillamente expresan ese principio, sin importarles la medición; porque según los diferentes criterios del tiempo, éste es una medición nada más; otros afirman que el tiempo es una ilusión; mientras para Agustín de Hipona el tiempo no se puede explicar.

Aunque Hawking no se interesa tanto por la aparición de la luz, aunque se supone que la luz apareció con la existencia del sistema solar y las grandes galaxias, los escritores bíblicos sí se interesan con la frase “fiat lux”; sencillamente la luz existió por una orden del Creador, sin argumentaciones científicas. Por último, aunque los científicos no lo crean, “En el principio creó Dios los cielos y la tierra”. Ese “principio” ningún científico lo ha podido explicar.

martes, 1 de octubre de 2024

 

DÍA INTERNACIONAL DE LA TRADUCCIÓN

Amadeo Albuquerque Lara

Dedico esta corta nota a mis colegas Hernán Navas y Rolando Téllez, traductores profesionales

Ayer 30 de septiembre fue el Día Internacional de la Traducción.  Por tal motivo voy a dedicar esta corta nota a esa noble labor. Traducir de un idioma a otro es una ciencia que no cualquiera domina. El traductor debe tener dominio absoluto sobre las dos lenguas en la que trabaja. Traducir textos de dos lenguas en contacto no es tan difícil como lo es traducir de una lengua clásica antigua de la que el traductor tiene poco conocimiento de la cultura y giros idiomáticos, refranes, leyendas, etc. Me refiero a la traducción de los idiomas hebreo, arameo, griego y latín, al romance castellano, catalogada como lengua vulgar y sacrílega.

La Escuela de Traductores de Toledo era un grupo de profesionales conocedores de las lenguas clásicas, de tal manera que el Rey Alfonso X el Sabio confió en ellos la traducción de la Biblia llamada Alfonsina, en el año 1,280. Sin embargo, aunque la traducción es al romance castellano, tuvo como idioma origen la Biblia Vulgata Latina y no los idiomas originales. La traducción de la  Vulgata Latina la hizo el políglota Jerónimo de Estridón conocido como San Jerónimo, quien dominaba el hebreo, el griego, y el latín, entre otros. De manera que llegó a ser un gran latinista, “y muy buen conocedor del griego y de otros idiomas, pero muy poco conocedor de los libros espirituales y religiosos” (Crédito: Aciprensa). Por tal razón la traducción de la Vulgata no se basó en los idiomas hebreo y arameo, sino en la Septuagina, o versión griega de la Biblia Hebrea.

Es una lástima que los feligreses católicos de Masaya no hayan sido instruidos por sus párrocos acerca de la magna obra de traducción de la Biblia Vulgata Latina hecha por San Jerónimo. Si así hubiera sido no cometerían el error de llamarlo “El doctor de los pobres”, ni tampoco mezclar su celebración con consumidores de aguardiente; pues San Jerónimo era doctor en Teología Sagrada, no era doctor en medicina. Pero sus biógrafos afirman que Jerónimo, antes de sus estudios bíblicos leía más libros paganos que religiosos; tal vez a eso se deba el cariz que han tomado sus celebraciones.

No obstante, me voy a referir a un traductor que sí era muy espiritual y consagrado a la fe evangélica. Se trata de Casiodoro de Reina, exmonje del Monasterio de San Isidoro del Campo, convertido al Protestantismo. Él fue quien tradujo la Biblia del Oso al romance castellano basado en los idiomas originales hebreo, arameo y griego. Pero por traducirla al romance fue perseguido por la llamada “Santa Inquisición” de España, en donde ésta era muy apegada al Decreto del Concilio de Trento (1546) y al “Index Bibliorum Prohibitorum” o “Índice de Libros Prohibidos”, el cual incluía la Biblia traducida al romance castellano. Por tanto, Casiodoro de Reina tuvo que salir huyendo de España para evitar ser quemado en la hoguera de la Inquisición católica, ya que él había traducido el Nuevo Testamento al romance castellano; y le resultaría muy peligroso quedarse para traducir el Antiguo Testamento al romance. En consecuencia, Casiodoro huyó de España a Frankfurt, y de allí a Inglaterra y después a Basilea, Suiza, donde sí tradujo la Biblia completa al castellano, la cual fue publicada el 28 de septiembre de 1569.

Otro traductor de las Sagradas Escrituras de los textos originales al alemán popular es Marín Lutero (1483-1546), quien también fue víctima de la Santa Inquisición y especialmente, del Papa León X (1475-1521). Afortunadamente, Lutero contó con la amistad de personajes de poder político y religioso como Federico III de Sajonia (1463-1525), quien fingió un secuestro y lo refugió en el Castillo de Wartburg, en donde Lutero tradujo el Nuevo Testamento del griego al alemán, mientras se libraba de la persecución y de la quema en la hoguera.

De manera que el oficio del traductor no es solamente difícil por trasladar, un idioma a otro, de interpretar la cultura, los giros idiomáticos y los matices semánticos de la lengua de origen a la lengua meta, sino que atreverse a traducir un texto considerado sagrado a una lengua llamada vulgar, puede ser considerado digno de una muerte terrible, como era la hoguera de la Edad Media.

Afortunadamente, ahora ya no existe esa amenaza de la Inquisición, la cual fue abolida por el Papa Pablo VI (1897-1978), durante el Concilio Vaticano II (1962-1965). Sin embargo, la labor de traducir sigue siendo difícil y depende de traductores e intérpretes profesionales; generalmente es una profesión multidisciplinaria, según la complejidad del texto de donde se traduce. Actualmente, el traductor debe ser lingüista, experto en la gramática y semántica de los idiomas involucrados en la traducción. De no ser así, la traducción no resultará en una obra muy semejante a la lengua original, en materia de interpretación; y además muy literaria y gramatical en cuanto a la lengua meta, o lengua a la que se traduce.

Esta breve nota es un tributo a los profesionales dedicados a la difícil tarea de la traducción, por Amadeo Albuquerque Lara, especialista en Lingüística y Master en Teología y Educación Religiosa (UNAN, Managua, University of North Dakota, USA, Central Baptist Theological  Seminary, Kansas City, Kansas).

sábado, 28 de septiembre de 2024

 PROHIBICIONES Y HOGUERA POR LA LECTURA DE LA BIBLIA

Amadeo Albuquerque Lara
EL CONCILIO DE TRENTO
En el año “1546, durante su cuarta sesión, el Concilio de Trento aceptaba a la Vulgata como la traducción oficial de la Biblia y a las Sagradas Escrituras y la Tradición Apostólica como las fuentes de la revelación de la verdad divina” (History Latinoamérica). El Concilio de Trento cubrió los papados de Paulo III, Julio IV y Pío IV. Fue un período largo de “Decretos” y amenazas en contra de los que leyeran la Biblia en la “lengua vulgar” o sea en romance castellano. La Biblia que la Iglesia católica aceptaba era la Vulgata traducida al latín popular por San Jerónimo, pero sólo los sacerdotes sabían leerla. La lectura de la Biblia en romance castellano estaba prohibida por el “Catálogo de libros prohibidos”.
“El Concilio de Trento (1545-1563) fue una reunión de clérigos católicos convocada por el Papa Pablo III (en funciones entre 1534 y 1549) en respuesta a la Reforma Protestante. En tres sesiones distintas, el concilio reafirmó la autoridad de la Iglesia católica, codificó las escrituras, reformó los abusos y condenó la teología protestante, estableciendo la visión y los objetivos de la Contrarreforma católica” (Crédto: World History Encyclopedia).
DECRETO DEL CONCILIO DE TRENTO en el Catálogo de los libros prohibidos
“Como sea manifiesto por la experiencia, que si los sacros libros en lengua vulgar se permiten a cada paso a todos, nace dellos más daño que provecho por la temeridad de los hombres: en esta parte se esté por el juicio del obispo o del Inquisidor, para que por el consejo del cura o del confesor puedan conceder la licion de la Biblia en lengua vulgar, trasladada por authores catholicos, a los que entendieren que de la tal licion antes recibirán augmento de fe y de piedad, que algún daño: la que la facultad vengan en escripto: y el que la tal facultad presumiere leerla, o tenerla, no pueda recebir absolucion de sus pecados, sin aver primero buelto la Biblia al Ordinario”
Según este Decreto de los libros prohibidos, sobresalen las siguientes prohibiciones:
1] Se prohíbe permitir a todos la lectura de la Biblia en lengua vulgar (Romance castellano); porque leerla es una temeridad
2] La lectura de la Biblia en lengua vulgar causa muchos daños conciliares, antes que provecho espiritual
3] La lectura de la Biblia o “licion” sólo podía ser autorizada por el obispo o el inquisidor, por el confesor, o por el cura local
4] La única Biblia en lengua vulgar que podía ser autorizada tenía que haber sido traducida por un autor católico
5] Estas autoridades católicas autorizaban la lectura de la Biblia si ellas entendían que “la tal licion” (lectura de la Biblia) les iba a aumentar la fe y la piedad, y no sufrir daños de parte de las tales autoridades
6] La autorización debía ser por escrito, sin ánimos de apropiarse de la Biblia. De lo contrario, no podría recibir la absolución de sus pecados si no la devolvía al “Ordinario”; o sea, al Obispo o al Inquisidor.
Los que sufrieron la hoguera por resguardar la biblia:
El rey Felipe II preside la quema de una víctima (Octubre, 1559)
El popular y joven rey Felipe II presidió personalmente el acto público. Cuando uno de los condenados pidió clemencia, el rey replicó: “Si mi propio hijo fuera tan malvado como usted, yo mismo cargaría el haz de leña para quemarlo”. ¿Qué delito había cometido la desventurada víctima? Simplemente había estado leyendo la Biblia.
La Inquisición en Sevilla quemó en la hoguera a 40 monjes
Al mismo tiempo, el aparato de la Inquisición católica estaba ocupado en la ciudad andaluza de Sevilla. Allá un grupo de monjes del monasterio de San Isidro del Campo acababa de recibir un envío secreto de la Biblia en español. ¿Los traicionarían los delatores?
La traducción de la Biblia del Oso bajo la presión de la persecución por la Inquisición
Algunos que se dieron cuenta de que peligraba su vida huyeron del país. Pero a 40 de los que permanecieron en el monasterio se los quemó en la hoguera, entre ellos el mismísimo hombre que había introducido de contrabando las Biblias en el país. La España del siglo XVI fue un sitio peligroso para los lectores de la Biblia; pocos escaparon de las garras de la Inquisición.
Entre los que se salvaron estuvo Casiodoro de Reina, quien escapó a Frankfurt, después a Inglaterra; pero donde encontró seguridad fue en Basilea, Suiza, en donde tradujo la Biblia del Oso y en donde fue publicada el 28 de septiembre de 1569.
LA BIBLIA DEL OSO, 1569 sólo existen 32 ejemplares del original
Está a la venta un original por US37,500 dólares.
La Edición facsimilar está a la venta desde US160.00 dólares. En bibliotecas privadas pueden comprarse a US12,000, US4,000, etc. Según las condiciones de los ejemplares.
Algunos lugares en donde se guarda la Biblia del Oso original
Archivo Histórico ciudad de Barcelona
Biblioteca Histórica Marqués de Valdecilla
Biblioteca Lafragua
Bibliotecas privadas
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viernes, 27 de septiembre de 2024

 

LOS PRINCIPALES LIBROS SAGRADOS DE LAS GRANDES RELIGIONES

Amadeo Albuquerque Lara

El escritor estadounidense, Mark Twain, afirmó que “El hombre es un animal religioso. Es el único animal religioso…” (Crédito: Antonio Vélez Montoya).

Al hombre lo consideran un animal religioso, desde el punto de vista literario; pero la Biblia es el libro sagrado y considerado inspirado por Dios por dos de las tres religiones monoteístas: la religión hebrea y el cristianismo. La Biblia es el primer libro sagrado en la lista de los libros sagrados de las grandes religiones del mundo. La Biblia es reconocida como la Palabra de Dios dada a la humanidad, y es leída por creyentes y no creyentes; es leída por devotos y críticos. Pero además, la Biblia ha sobrevivido las inclemencia del tiempo, de la feroz persecución de la misma religión que se dice creer en ella; y ha sido prohibida como otros libros de la peor ralea.

Sin embargo, la Biblia permanece hasta hoy, porque como dice el Profeta Isaías: “Se seca la hierba, se marchita la flor, mas la palabra del Dios nuestro permanece para siempre” (Isaías 40:8) Destacado es mío.

A continuación, copio la lista de algunos de los libros sagrados de las principales religiones del mundo. La lista la encabeza la Biblia de las religiones hebrea y cristiana; sigue el Corán de la religión islámica. Upanishad, cada uno de los más de 200 libros sagrados hinduistas escritos en idioma sánscrito, lengua sagrada de la India. Cánones del Budismo, El Libro de Mormón de la Iglesia de Jesucristo de los Santos de los últimos días.

Tipitaka, o El Canon Pali, es el libro sagrado del budismo primigenio; el Rigveda es una colección antigua de la India, de himnos sagrados en idioma sánscrito.  El Mahabharata está considerado el poema épico más largo jamás escrito, con más de 200.000 versos divididos en 18 libros. También es uno de los textos más sagrados del hinduismo. El Bhagavad Gita («Cantar de Dios» o «Canto del Señor») se encuentra entre los textos religiosos más importantes del hinduismo. Kojiki, del shintoísmo2​ (神道 Shintō?) es una religión originada en Japón, a veces considerada la religión indígena de Japón. Junto con el budismo, es una de las dos principales religiones del país.

El Zend-Avesta o La Ciencia Oculta de los Sacerdotes Magos de Persia. El zoroastrismo fue una religión de los antiguos pueblos iranios, fundada por Zoroastro y profesada actualmente por los parsis. Recibe también el nombre de mazdeísmo (de Ahura Mazda, una de sus deidades). Por último, en la larga lista de libros sagrados, está el Guru Granth Sahib (Punjabi: ਗੁਰੂ ਗ੍ਰੰਥ ਸਾਹਿਬ, región del Punjab de la India. Es la escritura religiosa central del Sikhismo, considerado por los sikhias como el Gurú final, eterno y soberano (Crédito: Christianity and World Religions).

Hasta aquí la lista de libros sagrados del mundo; así como algunas de sus deidades. Pero sobre todas ellas, está la Biblia, la Palabra de Dios creída y conservada por 2,400 millones que se consideran creyentes en un Dios creador del Universo, y en el Redentor y Salvador Jesucristo.

Esta corta nota la dedico a la conmemoración de la traducción al romance castellano de época, de la Biblia del Oso por el fraile jerónimo, Casiodoro de Reina en Basilea, Suiza, el 28 de septiembre de 1569, fecha en que las iglesias evangélicas conmemoran el 455 aniversario de esta magna obra, en este año 2024.

REFERENCIAS

Christianity and World Religions

Dioses y libro sagrados, Antonio Vélez Montoya

Enciclopaedia Britannica

jueves, 26 de septiembre de 2024

 

EN VÍSPERAS DEL 455 ANIVERSARIO DE LA TRADUCCIÓN DE LA BIBLIA DEL OSO

Amadeo Albuquerque Lara

BIBLIA SEPTUAGINTA O VERSIÓN DE LOS SETENTA (LXX)

Al hablar del Texto Masorético hebreo, hay que valorar también la importancia de la versión griega Septuaginta de la Biblia. La palabra SEPTUAGINTA es del latín y significa SETENTA en alusión a los 72 rabinos expertos en los idiomas originales que tradujeron la Biblia al idioma griego para beneficio espiritual de los judíos que vivían en Egipto, región en donde el griego koiné era la lengua común del pueblo. Estos ciudadanos judíos no entendían ni el hebreo ni el arameo. Por lo tanto, debían tener las Sagradas Escrituras en el idioma griego.

Para el respaldo documental de esta breve nota, cito fragmentos de la información brindada por la Enciclopedia Británica. Según esta información, la Torá o Pentateuco, o sea los primeros cinco libros de la Biblia, fueron traducidos aproximadamente a mediados del tercer siglo antes de Cristo, y que el resto del Antiguo Testamento fue traducido en el segundo siglo antes de Cristo (Crédito: Britannica).

Según la historia de la Septuaginta, los 72 rabinos fueron seleccionados 6 de cada una de las 12 tribus de Israel. La historia afirma que los traductores, todos expertos en los idiomas originales, fueron enviados a Alejandría, Egipto, por Eleazar sumo sacerdote de Jerusalén, a petición de Ptolomeo II Filadelfo (285-246 antes de Cristo). Esta información es servida por la Carta de Aristeas (carta apócrifa). (Crédito: Britannica)

Debemos reconocer que la lengua oficial de la Iglesia primitiva era el griego y que ellos dependían de la Septuaginta para interpretar las profecías relacionadas con el Mesías. Es más, los escritores del Nuevo Testamento escribieron en griego, con traducciones de palabras arameas al griego koiné. Debo añadir que Jerónimo de Estridón, conocido como San Jerónimo, se basó en la Septuaginta para traducir la Biblia en latín popular, llamada Vulgata latina.

Como la Septuaginta se basó en la Biblia hebrea, los traductores incluyeron los libros apócrifos llamados “deuterocanónicos” por la Iglesia católica. Pero las Biblias aceptadas por las Iglesias Protestantes no los contienen por no considerarlos inspirados, sino como meramente históricos. Según la Enciclopedia Britannica, la primera copia impresa de la Septuaginta fue en la Biblia Complutensian Polyglot (1514–22).

Sirva esta breve nota para destacar la importancia de la Septuaginta o traducción de la Biblia hebrea al griego koiné, lengua común en tiempos de Jesús, y lengua común para los cristianos de la Iglesia primitiva. Además, Casiodoro de Reina se basó en la Septuaginta para la traducción del Nuevo Testamento conocido también como el Texto Recibido o Textus Receptus. Hemos dicho también que San Jerónimo se basó en la Septuaginta para traducir la Biblia Vulgata. He ahí la importancia de la Versión SEPTUAGINTA  de la Biblia hebrea o Texto Masorético.

 

miércoles, 25 de septiembre de 2024

 

EL TEXTO MASORÉTICO O BIBLIA HEBREA

Amadeo Albuquerque Lara

La Biblia del Oso, que fue traducida de los idiomas originales por el fraile jerónimo Casiodoro de Reina, tiene como fuentes primarias para el Antiguo Testamento, el Texto Masorético o Biblia hebrea; y para el Nuevo Testamento, el Texto Recibido o el Nuevo Testamento griego de Erasmo de Rótterdam. En esta ocasión me voy a referir al Texto Masorético o Biblia hebrea.

Acerca del Texto Masorético, su confiabilidad y escrupuloso cuidado de parte de los masoretas o expertos en los idiomas originales, la Enciclopedia Británica confirma la siguiente información la cual traduzco del idioma inglés:

“El Texto Masorético, del hebreo “masoreth” que significa “tradición”, es el texto hebreo tradicional de la Biblia judía, meticulosamente compilada y codificada; y le suplieron las marcas diacríticas (añadidura de vocales y otros signos) para su correcta pronunciación. Esta obra monumental la comenzaron aproximadamente en el siglo sexto y fue completada en el siglo décimo por eruditos en escuelas talmúdicas en Babilonia (e Israel), en un esfuerzo por reproducir en lo más posible el texto original del Antiguo Testamento hebreo” (Crédito: Enciclopaedia Britannica). Los paréntesis son de este autor.

Los críticos de este Texto comentan que la obra de los masoretas encargados de resguardar, y hacerlo apto para la pronunciación y correcta lectura, procuraban que cada letra y cada palabra fuera revisada con extremos cuidados. Eran tan cuidadosos, que contaban las palabras de cada línea y las líneas de cada página para estar seguros de la fidelidad del texto sagrado. Además, marcaban las letras y palabras que ocupaban el centro de la página con el fin de asegurar futuras revisiones (idem).

Por tanto, los traductores de la Biblia han preferido el Texto Masorético como fuente original con el fin de asegurar la fidelidad de las respectivas traducciones del Antiguo Testamento a los diferentes idiomas. La Biblia del Oso, traducida por Casiodoro de Reina y publicada en Basilea, Suiza, el 28 de septiembre de 1569, tomó como texto original el Texto Masorético para la traducción del Antiguo Testamento; y para la traducción del Nuevo Testamento, se basó en el Textus Receptus o Texto Recibido, conocido también como el Nuevo Testamento griego publicado por Desiderius Erasmus de Rotterdam en 1516.

Años más tarde, en 1602, esta Biblia fue revisada por otro fraile jerónimo de nombre Cipriano de Valera. Desde entonces, la Biblia en español preferida por la mayoría de las iglesias evangélicas es la Reina Valera de 1960, cuya pulcritud y belleza literaria de la Biblia del Oso, de donde se origina la Reina Valera, ha sido elogiada por afamados filólogos como don Marcelino Menéndez Pelayo, quien “alabó desde un punto de vista literario a la Biblia del oso, a la que consideró estar mejor escrita que las versiones católicas de Felipe Scío de San Miguel (1793) y Félix Torres Amat (1825)” (Crédito: Wikipedia); y también esta traducción ha sido valorada por el académico de número de la Real Academia Española, don Antonio Muñoz Molina (Crédito: Programa Buenas Noticias TV).